“¿Y si me despierto mientras me están operando?”
Hay una pregunta que muchos pacientes se hacen antes de entrar en un quirófano, aunque no siempre se atreven a formularla en voz alta. “¿Y si me despierto mientras me están operando?”
Es una preocupación completamente comprensible. Ponerse en manos de un equipo médico, perder la consciencia y confiar en que todo irá bien exige un ejercicio de confianza que pocas situaciones de la vida requieren. Además, durante años el cine, la televisión y algunos relatos en internet han contribuido a alimentar la idea de que una persona puede despertarse en mitad de una intervención, ser consciente de todo lo que ocurre y no poder avisar.
Pero la realidad es bastante diferente. En medicina existe un fenómeno conocido como consciencia intraoperatoria, que describe aquellos casos excepcionales en los que un paciente recuerda algún momento ocurrido durante una anestesia general. Es una situación muy poco frecuente y, cuando aparece, no suele parecerse a la imagen que la mayoría de las personas tiene en la cabeza.
Lo primero que conviene entender es que la anestesia general no consiste simplemente en “dormir” a un paciente. Ese es probablemente el mayor error. La anestesia es un equilibrio extremadamente preciso entre diferentes objetivos: mantener la inconsciencia, evitar el dolor, conseguir la relajación muscular cuando la cirugía lo requiere y preservar al mismo tiempo el correcto funcionamiento del corazón, los pulmones, el cerebro y el resto del organismo.
Cada uno de esos elementos debe adaptarse continuamente a la evolución de la intervención. No existe una dosis universal ni una anestesia que funcione igual para todas las personas. La edad, las enfermedades previas, la medicación habitual, el tipo de cirugía o incluso la respuesta individual de cada paciente hacen que cada anestesia sea diferente.
Precisamente por eso el anestesiólogo permanece junto al paciente durante toda la operación. Mientras el cirujano concentra su atención en la zona que está interviniendo, el anestesiólogo observa el conjunto. Supervisa de forma continua la respiración, la tensión arterial, la frecuencia cardiaca, la oxigenación, la temperatura corporal y numerosos parámetros que permiten conocer cómo está respondiendo el organismo en cada momento. Esa información guía cada decisión que se toma durante la cirugía y permite ajustar la anestesia tantas veces como sea necesario.
En determinadas intervenciones, además, pueden utilizarse sistemas de monitorización que ayudan a estimar la profundidad anestésica. Son herramientas que complementan la valoración clínica del anestesiólogo y forman parte de una estrategia mucho más amplia cuyo objetivo es ofrecer la máxima seguridad posible al paciente.
¿Significa eso que el riesgo es cero? En medicina –ni en prácticamente nada– ninguna intervención puede garantizar un riesgo cero. Pero sí sabemos que la consciencia intraoperatoria es un acontecimiento excepcional y que la anestesiología moderna ha desarrollado protocolos, tecnología y procedimientos específicamente dirigidos a reducir aún más su aparición.
De hecho, uno de los mayores avances de la especialidad durante las últimas décadas no ha sido únicamente disponer de mejores fármacos. También ha sido aprender a monitorizar mejor a los pacientes, conocer con mayor precisión cómo responde el organismo a la anestesia y personalizar cada procedimiento según las características de cada persona.
Por eso, cuando alguien pregunta si puede despertarse durante una operación, quizá la respuesta más útil no sea simplemente decir que es muy poco probable. Lo verdaderamente importante es explicar que detrás de cada anestesia existe un especialista cuya única responsabilidad es vigilar al paciente durante toda la intervención y adaptar continuamente el tratamiento para mantener las mejores condiciones posibles de seguridad.
En AnesCon – Anestesiólogos Contigo creemos que muchas de las dudas que rodean a la anestesia nacen del desconocimiento. Nuestro objetivo es acercar esta especialidad a la ciudadanía con información clara, rigurosa y basada en la evidencia científica, para que cada paciente pueda afrontar una intervención con confianza y conociendo qué ocurre realmente antes, durante y después de entrar en un quirófano. Porque la mejor manera de combatir el miedo no es restarle importancia, es entender por qué existe y responder a él con conocimiento.

