El viaje de vuelta: lo que ocurre cuando termina una anestesia

Para la mayoría de los pacientes, una operación tiene dos momentos perfectamente definidos. El primero es cuando entra en el quirófano. El segundo, cuando vuelve a abrir los ojos. Entre ambos, apenas hay recuerdos… Sin embargo, desde el punto de vista del anestesiólogo, esos dos momentos no marcan el principio y el final de la anestesia. Marcan el inicio y el final de un viaje que debe recorrerse en ambos sentidos.

Si dormir a un paciente exige precisión, despertarlo exige la misma. Existe la idea de que, una vez termina la intervención, basta con dejar de administrar anestesia para que el paciente recupere la consciencia. Pero el despertar no funciona como un interruptor. Es un proceso progresivo en el que el organismo vuelve, paso a paso, a recuperar las funciones que habían sido modificadas para poder realizar la cirugía con seguridad.

Respirar con normalidad, recuperar los reflejos, controlar el dolor, mantener una circulación estable o responder de forma adecuada al entorno forman parte de ese regreso. Y, como ocurre durante toda la intervención, el anestesiólogo continúa acompañando al paciente en cada una de esas etapas.

De hecho, el despertar comienza antes de que finalice la operación. Mientras el cirujano realiza los últimos pasos de la intervención, el anestesiólogo ya está preparando la recuperación. Ajusta los medicamentos, planifica el tratamiento del dolor, previene las náuseas cuando existe riesgo y adapta cada decisión al tipo de cirugía y a las características del paciente. El objetivo nunca es que despierte cuanto antes. El objetivo es que despierte bien.

Y hacerlo bien significa mucho más que abrir los ojos. Significa que el paciente puede respirar de forma segura, que el dolor está controlado, que las constantes vitales son estables y que el organismo está preparado para iniciar la recuperación. Por eso, después de abandonar el quirófano, los pacientes pasan a la Unidad de Recuperación Postanestésica, donde continúan siendo vigilados hasta comprobar que esa transición se ha completado correctamente.

Es normal que durante ese periodo aparezcan sensaciones que muchas personas no esperan: frío, somnolencia, boca seca, cierta desorientación, dolor o náuseas. En la mayoría de los casos forman parte de un proceso conocido y transitorio que el equipo anestésico previene y trata de forma individualizada para que la recuperación resulte lo más confortable posible.

Tampoco todas las personas despiertan igual. La edad, el estado de salud, la duración de la cirugía, el tipo de anestesia o la respuesta de cada organismo hacen que cada recuperación sea diferente. Compararse con el paciente de la habitación de al lado carece de sentido. En anestesiología no existen dos despertares exactamente iguales porque tampoco existen dos pacientes iguales.

Durante décadas, buena parte del éxito de una anestesia se medía por lo que ocurría dentro del quirófano. Hoy esa visión ha cambiado. La anestesiología moderna entiende que una buena recuperación comienza antes incluso de que termine la operación. Controlar el dolor desde el primer momento, reducir las náuseas, favorecer una movilización precoz o conseguir que el paciente recupere cuanto antes su autonomía también forman parte del trabajo del anestesiólogo. Por eso la anestesia no termina cuando acaba la cirugía. Termina cuando el paciente ha recorrido con seguridad el camino de vuelta.

Desde AnesCon – Anestesiólogos Contigo pensamos que comprender este proceso ayuda a entender mejor una especialidad que acompaña al paciente antes, durante y después de una intervención quirúrgica. Porque, cuando todo sale bien, la mayoría de las personas solo recuerda que un día entró en un quirófano y, unas horas después, volvió a abrir los ojos. Lo que casi nadie ve es que, entre esos dos momentos, y también después de ellos, ha habido un médico dedicado exclusivamente a hacer que ese viaje de ida y vuelta se complete con la máxima seguridad posible.

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