“Todavía no se ha despertado”

La operación ha terminado. El cirujano sale del quirófano y habla con la familia. “Todo ha ido bien” es, probablemente, la frase más esperada de todo el día. Pero apenas unos minutos después suele hacerse otra pregunta. ¿Y cuándo podremos verle? La respuesta no siempre es la que esperan.  “Todavía tardará un poco en despertarse” y, casi de forma automática, surge una nueva preocupación.

¿Por qué todavía no se ha despertado? ¿Ha ocurrido algo? ¿No debería haber abierto ya los ojos? ¿No está tardando mucho? Es una reacción completamente comprensible. Asociamos el final de la cirugía con el final de la anestesia y esperamos que el despertar sea inmediato. Pero la realidad es muy distinta.

Una anestesia no termina cuando finaliza la operación. Termina cuando el paciente ha recuperado, de forma segura, todas las funciones necesarias para iniciar su recuperación. Y eso no ocurre igual en todas las personas. De hecho, una de las ideas más importantes que conviene conocer es que despertarse antes no significa despertarse mejor.

El objetivo del anestesiólogo nunca es que el paciente abra los ojos lo antes posible. Su responsabilidad es que despierte cuando su organismo está preparado para hacerlo con seguridad. Y para conseguirlo durante toda la intervención se toman decisiones que influyen directamente en ese momento. El tipo de cirugía, su duración, la edad del paciente, las enfermedades previas, la medicación habitual, el estado físico o la respuesta individual a los fármacos hacen que cada recuperación sea diferente.

No existen dos anestesias iguales porque no existen dos pacientes iguales. Por eso, mientras una persona puede recuperar la consciencia pocos minutos después de llegar a la Unidad de Recuperación Postanestésica, otra puede necesitar más tiempo sin que eso signifique que exista ninguna complicación. En la inmensa mayoría de los casos simplemente responde a una recuperación normal adaptada a las características de cada paciente.

Durante ese tiempo, además, el anestesiólogo continúa trabajando. Mientras la familia espera noticias el equipo anestésico comprueba que la respiración es adecuada, que el dolor está controlado, que la circulación permanece estable y que el paciente recupera progresivamente la consciencia en las condiciones previstas. Solo cuando ese proceso se ha completado con seguridad puede abandonar la unidad de recuperación.

Es una labor silenciosa que rara vez ve el paciente y que, sin embargo, resulta decisiva. La anestesiología moderna ya no mide el éxito únicamente por lo que ocurre durante la operación. También lo hace por la calidad del despertar, por el control precoz del dolor, por la prevención de complicaciones y por la forma en que el paciente inicia su recuperación.

Quizá por eso la pregunta más importante después de una cirugía no sea cuánto tarda una persona en despertarse. La pregunta realmente importante es si está despertando bien, porque abrir los ojos unos minutos antes tiene poca importancia y recuperarse con seguridad lo cambia absolutamente todo.

Desde AnesCon – Anestesiólogos Contigo queremos acercar a la ciudadanía el trabajo que hay detrás de ese tiempo de espera que casi nadie conoce. Ese intervalo entre el final de la cirugía y el reencuentro con la familia en el que el anestesiólogo sigue siendo el principal responsable de la seguridad del paciente. Muchas veces, el mejor despertar no es el más rápido, sino el que ocurre exactamente cuando debe ocurrir.

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